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La Vampira Amazona

 Camille Monfort, LA LEYENDA de "La vampira amazona" (1896).


 

 

En 1896, Belém se enriqueció vendiendo caucho amazónico al mundo, enriqueciendo de la noche a la mañana a los campesinos, quienes construían sus ricas mansiones con materiales de Europa, mientras sus esposas e hijas enviaban su ropa al viejo continente para ser lavada, e importaban agua mineral de Londres. para sus baños.


El "Theatro da Paz" fue el centro de la vida cultural en la Amazonía, con conciertos de artistas europeos. Entre ellos, llamó especialmente la atención del público uno, la bella cantante de ópera francesa Camille Monfort (1869 – 1896), quien provocaba indecibles deseos en los ricos señores de la región, y atroces celos en sus esposas por su gran belleza.


Camille Monfort también causó indignación por su comportamiento libre de las convenciones sociales de su época. Cuenta la leyenda que se la vio semidesnuda, bailando por las calles de Belém, mientras se refrescaba en la lluvia de la tarde, y también despertaron la curiosidad sus solitarios paseos nocturnos, cuando la vieron con sus largos vestidos negros y vaporosos, bajo la luna llena, a orillas del río Guajará, hacia el Igarapé das Almas.


Pronto, a su alrededor, se crearon rumores y se dieron vida a comentarios maliciosos. Se decía que era la amante de Francisco Bolonha (1872 – 1938), que la había traído de Europa, y que él la bañaba con caros champagnes importados de Europa, en la bañera de su mansión.


También se decía que había sido atacada por el vampirismo en Londres, debido a su palidez y aspecto enfermizo, y que había traído este gran mal a la Amazonía, teniendo unas misteriosas ansias de beber sangre humana, al punto de hipnotizar a las jóvenes. con su voz en sus conciertos, haciendo que se durmieran en su camerino, para que la misteriosa dama pudiera llegar a sus cuellos. Lo cual, curiosamente, coincidió con relatos de desmayos en el teatro durante sus conciertos, que se explicaban simplemente como efecto de la fuerte emoción que su música producía en los oídos del público.
 

También se decía que tenía el poder de comunicarse con los muertos, y de materializar sus espíritus en densas nieblas etéreas de materiales ectoplasmáticos expulsados ​​de su propio cuerpo, en sesiones mediúmnicas. Sin duda, fueron las primeras manifestaciones en la Amazonía de lo que luego se llamaría espiritismo, practicado en cultos misteriosos en palacios de Belém, como el Palacete Pinho.
A fines de 1896, un terrible brote de cólera asoló la ciudad de Belém, convirtiendo a Camille Monfort en una de sus víctimas, quien fue enterrada en el Cementerio de la Soledad.


Hoy, su tumba sigue allí, cubierta de limo, musgo y hojas secas, bajo un enorme árbol de mango que hace que su tumba se sumerja en la oscuridad de su sombra, solo iluminada por unos rayos de sol que se proyectan a través de las hojas verdes.


Se trata de un mausoleo neoclásico con una puerta cerrada por un viejo candado oxidado, de la que se puede ver un busto femenino en mármol blanco sobre la amplia tapa de la tumba abandonada, y adosada a la pared, una pequeña imagen enmarcada de una mujer vestida con negro.
En su lápida se puede leer la inscripción:
"Aqui yace


Camila María Monfort (1869-1896)

La voz que cautivó al mundo".

Pero hay quienes todavía hoy dicen que su tumba está vacía, que su muerte y entierro no fueron más que un acto para encubrir su caso de vampirismo, y que Camille Monfort aún vive en Europa, hoy a la edad de 154 años.


(La imagen original ha sido retocada para extraponer los detalles. Y no, no es un móvil lo que lleva en las manos, es una pequeña libreta)
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El Vampiro de Belén

La leyenda dice que ya hace muchos años llegó un hombre misterioso a la ciudad de Guadalajara. El hombre vestía de negro y sólo salía por las noches, dicen que desde su llegada a la ciudad empezaron a suceder cosas muy extrañas, empezaron a aparecer animales muertos con una seña muy particular (dos orificios en el cuello) y a todos les habían succionado hasta la última gota de sangre. La gente no le ponía atención, se preguntarán por qué…, bueno, porque pensaron que era un plaga o una infección entre los animales, pero al pasar los días comenzaron a encontrar cadáveres de jóvenes que tenían como hábito estar en la calle hasta la madrugada; lo curioso y lo que les empezó a preocupar era que los que encontraban tenían las mismas características de los animales encontrados antes, lo que ahora sí preocupó a los habitantes de la ciudad.



Se empezó a correr el rumor de que había un vampiro suelto en la ciudad. Las personas temían por sus vidas y las de sus hijos, por lo que un grupo de personas realizó un plan para atrapar a esta criatura de la noche, que se dedicaba a cometer sus bajos actos cerca de la vieja plaza de toros. Este grupo de personas se escondió detrás de un arbusto mientras uno se quedaba en la calle de carnada. Sí dio resultado, el vampiro se le apareció y cuando se disponía a clavarle sus colmillos los demás le arrojaron una red y lo atraparon. Algún gitano les había dicho que para poderlo matar tenía que ser con una estaca hecha de un árbol (no recuerdo el nombre del árbol), pero la estaca era verde, y que debían enterrarlo en un panteón. Lo hicieron, le enterraron la estaca en el corazón y lo llevaron al Panteón de Belén, donde le colocaron una lápida de cemento muy gruesa para asegurarse de que no saliera.



Al día siguiente los ciudadanos fueron a ver la tumba del vampiro y se dieron cuenta que la estaca de un día a otro se transformó en un árbol gigante que para poder salir a la superficie tuvo que romper la tumba. La leyenda dice que cuando el árbol rompa completamente la tumba el vampiro renacerá para aterrorizar nuevamente a los habitantes de la ciudad de Guadalajara


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